No necesitas mariposas, necesitas paz
«Con el tiempo te das cuenta que no necesitas mariposas, lo que necesitas es sentirte tranquilo.»
Durante mucho tiempo nos enseñaron que el amor se mide en intensidad: el corazón acelerado, el nervio en el estómago, la incertidumbre de no saber qué va a pasar. A eso le llamamos «mariposas», y aprendimos a perseguirlas como si fueran la prueba de que algo es real.
Pero las mariposas, casi siempre, vienen acompañadas de otra cosa: incertidumbre. Ese «no sé si me quiere», ese «no sé qué va a pasar mañana», esa montaña rusa que confundimos con pasión, cuando en realidad muchas veces es solo ansiedad disfrazada de amor.
Con los años, algo cambia. Empezamos a valorar distinto. Ya no buscamos quien nos haga sentir de todo, sino quien nos haga sentir en paz. Alguien con quien no hay que adivinar, no hay que interpretar silencios, no hay que sostener la respiración esperando un mensaje.
La tranquilidad no es la ausencia de amor — es la señal de que, por fin, encontraste uno que no te cuesta el sistema nervioso.
No es que dejemos de sentir. Es que aprendemos a distinguir entre lo que emociona y lo que sostiene. Y a la larga, lo segundo es lo que realmente construye algo que dura.
¿Has sentido esa diferencia entre las mariposas y la calma? Cuéntanos en los comentarios.


