“No puedes realmente escuchar a tu cónyuge y hacer otra cosa al mismo tiempo.”
En un matrimonio, escuchar no significa solamente oír las palabras del otro. Significa detener lo que estamos haciendo, mirar, prestar atención y demostrarle a nuestro cónyuge que lo que siente y piensa es importante para nosotros.
La Biblia nos enseña en Santiago 1:19: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”
Muchas veces creemos que estamos escuchando, pero mientras nuestro cónyuge habla estamos mirando el celular, trabajando, viendo televisión o pensando en lo que vamos a responder. Nuestro cuerpo está presente, pero nuestra atención está en otro lugar.
Escuchar verdaderamente es una forma de amar.
Cuando dejamos a un lado las distracciones y prestamos toda nuestra atención, estamos diciendo sin palabras: “Tú eres importante para mí. Quiero entenderte. Lo que tienes que decir merece mi tiempo.”
Quizás hoy tu cónyuge no necesite una solución, un consejo o una respuesta inmediata. Tal vez simplemente necesite sentir que puede hablar contigo y ser escuchado.
Por eso, la próxima vez que tu esposo o esposa quiera conversar contigo, intenta hacer algo sencillo: detén lo que estás haciendo, míralo a los ojos y escucha de verdad.
A veces, una conversación que comienza con atención puede convertirse en el primer paso para recuperar la cercanía, fortalecer la confianza y enriquecer la relación.
Porque escuchar no es simplemente oír. Escuchar es hacerle espacio al otro en nuestro corazón.


